Y me deje
caer, pero ya no estaban tus brazos para recibirme.
Allí entendí
que te había perdido, cuando en realidad nunca te tuve.
Y añore los besos en la cama, compartir el
acolchado, beber de un mismo vaso.
Suspendida la
vida me pesaba, era tan ligero mi cuerpo, ¿cómo podría absorber este impacto?
Tuve miedo
de ella y sus apariciones fugaces.
No se puede
competir contra quién no se conoce.
Siempre estuvo
al acecho, intentado retomar el lugar junto a la mesa.
Quiso dar
el cuerpo, probó con la voluntad, y mi paciencia se agotaba.
El
precipicio me seducía, su recuerdo en vos me empujaba.
No fue tu
culpa mi desidia.
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