martes, 5 de noviembre de 2013

Octubre termina con un quemado, varios muertos y mi cerebro en una vasija, como si fuese esto suficiente para defenderlo de tanta agresión.
Ahora cuando pienso en las quemaduras, ¿pueden ser marcas de posesión? ¿Se puede marcar a otro como a un caballo?
¿Él que agrede sufre?
Una colilla, una botella de alcohol, no puede ser suficiente para arruinar una vida, pero hay circunstancias en las que se puede convertir en un holocausto.
Si él es inimputable, ¿cuándo deje de serlo yo?
No se debe temer al encendedor, ni a quien lo manipula pero… cuando hay todo un sistema que lo cubre, ya dejas de temer al encendedor y temes a los organismos, a la injusticia.

El fuego nos significo progreso, en la santa inquisición condena, en este presente todavía busco su utilidad concreta.


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