El último sorbo de vino tinto, las manchas sobre el mantel,
el colchón tirado en el piso, intentando ocultar el encuentro.
Bese su piel y no te recordé, lamí sus dedos, los pose en mi
cintura y no te encontré.
Añore tu presencia, nuestro sarcasmo, las largas
conversaciones pseudointelectuales, pero no en mi momento junto a él, sino
previamente.
No me divierte, no siento culpa y sí me entregué al placer,
al goce de su compañía.
No para olvidarte, no por despecho, sentí que sigo viva, a
pesar de las heridas que en mí dejaste.
No puedo volver, aunque yo te espere.
Sos parte del pasado y este presente trunco lo continúo
escribiendo.

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