Cuando puedo llegar a los límites más deseados de lujuria,
Explotar de placer y contraer mi cuerpo luego de un grito,
paras.
Así impune te manejas ante mis senos, que no podes, que
recordás, la culpa...
Ahí quedo tendida en la cama a la deriva de tus deseos,
intentando ocultar la insatisfacción.
Que vos no sos… estás bella...
¡Otra vez la perorata!
Que me quede, no huyas,
-¿Para qué?-
-¿A cambio?...-
Vacilo, pero recojo mis prendas, te acercas,
Mi piel podría quemarte, pero... digo que puedo ser fuerte y
me voy.
Tal vez en otra oportunidad no tengas culpa, tal vez en otra
vida ya no me tengas.
Antonio Berni, Mujer desnuda en la arena, 1981.

No hay comentarios:
Publicar un comentario